Historias que enamoran.
Historias de amor, deseo y seducción, escritas por las autoras argentinas más reconocidas del género: Cristina Bajo, Florencia Bonelli, Gloria V. Casañas, Gabriela Exilart, Gabriela Margall, Anabella Franco, Graciela Ramos, Mirta Pérez Rey, Andrea Milano, Fernanda Pérez, Mariana Guarinoni, Camucha Escobar y María Border.
¿Quién no recuerda el hormigueo en el estómago del primer amor? ¿A quién no se le cortó la respiración por el ser amado o sintió una daga en el corazón al verse traicionada?
Un amor no correspondido, una segunda oportunidad, un matrimonio roto, un reencuentro luego de décadas de silencio, un flechazo inesperado de los que te cambian la vida en un instante… Este conjunto de relatos nos sumerge de lleno en la belleza de enamorarse, en la desesperación que nos atormenta cuando algo sale mal y en las dudas que nos aquejan al decidir hasta dónde arriesgarnos.
Y como el amor sólo puede sentirse si está bien narrado, Ay, pasión reúne trece relatos que nos transportan a un mundo de amor, deseo y seducción de la mano de las más talentosas autoras románticas.


«Cecilia» el cuento de Camucha Escobar.
Cecilia
Recuerdo cuando me peinaba los largos cabellos oscuros frente al espejo del tocador.
Algunas noches me cepillaba hasta cien veces; otras, Francisco, mi marido, se ofrecía a hacerlo.
Pero entonces, ambos terminábamos en el suelo o en la cama, haciendo el amor como la primera
vez. Porque la magia que se apaga en los matrimonios con el transcurso de los años seguía viva en
el mío, o eso creía hasta hace muy poco. Me angustio. ¿Por qué este repentino alejamiento? Lo
ignoro.
No tengo arrugas, por el contrario, mi piel luce sedosa y blanca como siempre. Tal vez
ahora estoy más pálida de lo habitual. Sin embargo, desistí de acicalarme. A Francisco le gusta tal y
como soy, así, sin pinturas, con los ojos maquillados por la naturaleza, donde unas espesas
pestañas iluminan mis iris verdes. Pensé en aplicarme un poco de rouge, pero me arrepentí a
último momento.
Salgo al jardín con el vestido rosa bordado con perlas. Es mi preferido. Aspiro el aire gélido
sin poder impedir que el frío de la noche arañe mi espalda. Por eso decido entrar. Me saco los
zapatos de cabritilla y camino descalza hacia mi habitación. Tomo el libro que yace sobre la mesa
de luz y comienzo a leerlo con desgano. Presa del desaliento, paso las hojas amarillentas mientras
mi mirada se dirige inevitablemente hacia la puerta. Trato de evocar momentos felices. ¡Dios mío!
Me emociono recordando aquel día cuando nos conocimos con Francisco.
Era verano y yo estaba invitada a pasar mis vacaciones en la finca de mi tío en la provincia
de Salta. Nunca había viajado sola pero mi madre, ante la insistencia de mi prima, me había
concedido el permiso a regañadientes. Paquita, mi doncella, me acompañó.