El Infierno en tu Piel

Magia negra. Odios políticos y un amor que arde al borde de los convencionalismos.

Un pueblo sembrado de cadáveres de mujeres con el corazón arrancado. Un hombre al que todos señalan. Odios políticos que enfrentan a vecinos, amigos y hermanos. La enfermedad endémica del miedo. Y un amor que arde al borde de los convencionalismos.

Corre el año 1859 y nuestro territorio se ve envuelto en el caos sangriento de una guerra fratricida. Los enfrentamientos entre Buenos Aires y el interior se van profundizando: los confederados luchan por sus derechos y por sus familias, mientras que los porteños solo piensan en escapar del «tirano» Urquiza. El miedo ha multiplicado las divisiones y la hostilidad y no hay lugar para la reconciliación. En estas arenas movedizas comienzan a celebrarse extrañas ceremonias de brujería en los cementerios de las estancias de Pergamino provocando el desconcierto. Y la aparición de varios cuerpos de mujeres con el corazón arrancado termina por sembrar el terror.

Todos señalan a José Manuel Iriarte como responsable. Pero ¿cómo es, en realidad, este hijo bastardo del coronel Iriarte? De él se dicen muchas cosas, por ejemplo que ha herido los sentimientos de algunas damas de la sociedad de Pergamino con quienes se encontraba en secreto. Sin pruebas ni investigaciones, es llevado a la cárcel. Y su medio hermano Jerónimo Iriarte aprovecha para jugar sus cartas.

Rituales de magia negra, maldiciones, traición, una vieja herida de amor y una pasión inesperada. Con sus luces y sombras, los protagonistas de esta historia despiertan sentimientos encontrados: son amados y odiados con la misma intensidad.


«El infierno en tu piel».

El infierno en tu piel

A pólvora y sangre

Pagos del Pergamino
Octubre de 1857

Las risas de las muchachas se confundían con el ladrido de los perros. Una morena de ojos vivaces y una rubia de mirada serena jugaban en el agua barrosa de la laguna. Esa primavera era atípica por el calor intenso, calor que afectaba a las personas y a los animales por igual. Nicha salpicaba a Mailén, su amiga india, quien no dudaba en sumergirse una y otra vez en el agua, haciendo alarde de una gran destreza. Desde la orilla, los perros no dejaban de ladrar.

Cansadas de tanto juego, decidieron salir y permanecieron de pie mientras la ropa y los cabellos se les secaban al sol. Las hebras rubias de Nicha contrastaban con las oscuras de Mailén.

—Ven, ayúdame que voy a curar a este pequeñín. Tiene la pata infectada. —Nicha se dirigió hacia donde se encontraba el cachorro de puma de la india. El animal la observaba con sus ojos amarillos alertas. Mailén lo tomó en sus brazos mientras Nicha sacaba un paño de una bolsa y lo embebía en miel; despacio, le fue pasando el paño por la herida. El animal permanecía quieto. Parecía capaz de intuir que lo estaban curando. Finalmente, lo envolvió con unos trapos limpios que había cortado a modo de vendas. El cachorro salió disparando y se perdió entre las matas.

—¡Mira si será desagradecido! —exclamó Nicha, fingiendo enojo. El cabello destrenzado le colgaba hasta la cintura.

Mailén la miró con cariño:

—Gracias, amiga. Déjame que te ayude con el peinado.

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